Los dos regalos de Lucerito en Reyes
La tarde del seis de enero, cuando el sol ya bajaba sobre los potreros del santuario, el cuidador Nilson salió a hacer su ronda de rutina entre el ganado y las vacas preñadas. No esperaba encontrar nada fuera de lo ordinario. Pero ahí estaba Lucerito, una vaca marrón rojiza, y a sus patas no uno sino dos terneros recién nacidos: primero llegó uno, y media hora después, el otro. Una hembra y un macho, como doble regalo de Reyes.
Lucerito los lamía con esa calma antigua que tienen las madres en el campo. Sin embargo, los dos terneros necesitaban ayuda para alimentarse, y Nilson no dudó: sacó la botella que guardan para estos casos y les dio de comer uno por uno, de noche, alumbrado apenas por una linterna. La hembra ya se había puesto de pie sola; el macho todavía no, pero respiraba bien y recibió su tetero sin problema.
Parto gemelar en el hato del santuario no es cosa que pase seguido. Esa noche, con los tres descansando en el potrero y las colinas oscuras al fondo, Nilson cerró su ronda sabiendo que el día había valido la pena.