Un cacahuate antes de volar
Hacía unas semanas, alguien en el pueblo había capturado este loro amazónico y lo había traído a la Fundación. Era un ejemplar grande, de plumaje verde intenso con la corona amarilla bien marcada y manchas rojas en las alas — el tipo de pájaro que uno mira y siente que ya ha vivido mucho. Había perdido su medalla de identificación, pero el equipo no necesitó más señales: ese loro llevaba tiempo libre, y se notaba.
El domingo 29 de marzo, Omar lo sacó del Aviario 1A y lo posó en el comedero al aire libre. El loro no se inmutó. Se quedó ahí, tranquilo, comiendo un cacahuate con toda la calma del mundo, como si supiera perfectamente lo que venía después. Cuando terminó, abrió las alas y voló solo, sin que nadie lo empujara.
Así terminó el paso de este amazónico — posiblemente *Amazona ochrocephala* — por la Fundación Loros: sin aspavientos, sin ceremonias. Solo un pájaro que ya sabía lo que era la libertad, tomándose el tiempo de comer algo antes de volver a ella.