Dieciocho azules y el secreto de la naranja
Ese jueves al mediodía, Omar Enrique Berdugo Cabeza tenía los ojos puestos en la bandeja metálica del aviario: naranja, papaya, pepino, guayaba, pimentón, semillas de girasol y cacahuate, todo dispuesto bajo el sol de la costa. Dieciocho guacamayas azul y amarillo (*Ara ararauna*) se repartían el festín con la confianza de quien ya sabe que la comida llega, mientras dos chejas —discretas, como siempre— aprovechaban los espacios entre tanto azul y amarillo para alcanzar la papaya.
Lo que más llamó la atención de Omar no fue el número ni el alboroto de alas, sino algo que lleva tiempo midiendo con paciencia: en los días calurosos, las guacamayas se van directo a la naranja. En los días de invierno, casi no la tocan. Una observación sencilla, anotada con el ojo de quien conoce a sus aves, que sugiere que estos loros usan el jugo de la naranja como fuente de líquido cuando el calor aprieta.
El registro quedó en fotos y video: las aves en vuelo dentro del aviario, las alas desplegadas contra el cielo azul del Caribe, y la bandeja colorida que el equipo ajustó ese mismo día — sin tomate, sin limón, con cacahuate en vez de maní — según lo que Omar, con buen criterio, indicó.