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Las dejas y el nido que se caía a pedazos

El viernes 3 de abril, a las cuatro y media de la tarde, Omar Enrique Berdugo Cabeza recorría el aviario 1 cuando algo llamó su atención: una pareja de dejas tenía su nido en pésimo estado, una caja de madera con un agujero por donde los huevitos se escurrían hacia el vacío. No hacía falta pensarlo mucho. Había que actuar. Omar les consiguió conchas de coco para que tuvieran dónde apoyar los huevos con seguridad, y reemplazó el nido deteriorado por uno en mejores condiciones. Pero las dejas no lo recibieron con entusiasmo. Al principio se quedaron ahí, suspicaces, mirando el nido nuevo como quien mira a un desconocido que llegó a su casa sin avisar. No querían entrar. Estaban maliciosas, como dice Omar. La confianza, sin embargo, llegó despacio, como llega casi todo lo que vale la pena. Con el paso de las horas, la pareja fue acercándose, explorando, y al final aceptó el cambio. Hoy están adentro, tranquilas, con sus huevitos a salvo. Una historia pequeña del aviario 1 que empezó con un agujero en la madera y terminó bien.
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