Tres rescatados sobre los robles del Paraíso
Ayer en la mañana, el fotógrafo Maicol recorrió la orilla del lago de entrada de la finca El Paraíso —donde nació la Fundación Loros— y encontró los robles (*Tabebuia* sp.) en plena floración, cubiertos de flores rosadas que encendían el paisaje contra el cielo azul de marzo. Entre esas ramas había tres visitantes: un loro amazónico de plumaje verde y destellos azules, sin marca visible; otro amazónico identificado con la placa B16, posado tranquilo entre los pétalos; y un loro de cabeza azul (*Pionus menstruus*) con su corona turquesa brillando entre las flores. Un poco más allá, una guacamaya azul y amarilla (*Ara ararauna*) asomaba su pico negro desde el orificio de una caja nido instalada en un árbol cercano.
Lo que Maicol capturó con su cámara tiene una capa que las fotos no muestran a simple vista: estos cuatro individuos llegaron a la Fundación Loros como víctimas del tráfico de fauna silvestre. Hoy viven en semilibertad dentro de la reserva, y el lugar donde eligieron posarse se llama, literalmente, El Paraíso. A veces la realidad se da el lujo de ser perfecta.