La B29 y sus huéspedes sin permiso
Omar Enrique Berdugo entró esa mañana a hacer la limpieza de rutina en los aviarios y se encontró con que alguien más ya se había acomodado adentro. En el aviario #1 lo esperaba el ave que en su pueblo llaman "chupa huevo", colada entre las instalaciones como si el lugar le perteneciera. En el aviario #2, camuflada sobre la corteza de un árbol con una piel marrón que imitaba cada grieta del tronco, descansaba una rana arbórea (Hyla sp.) de esas que uno puede mirar diez veces sin verlas — hasta que te atrapa ese ojo azul-turquesa iridiscente, brillante como una piedra preciosa en medio de tanto camuflaje.
Pero la imagen que se robó el día fue la de la guacamaya azul y amarilla B29, posada tan campante sobre el letrero verde de la Fundación que le recuerda a los visitantes no interactuar con las aves en rehabilitación. Ahí estaba ella, justo encima de esa advertencia, mirando al mundo con la autoridad de quien lleva meses en el proceso de aprender a ser libre. Omar documentó todo — fotos, video — antes de seguir con el trapero y el balde. Un martes de limpieza que resultó siendo otra cosa.