El Muñeco cargado de frutos
Jorge Alcalá y Michel Salas caminaban por la reserva cuando se detuvieron ante un Muñeco —Cordia collococca— cargado de frutos. El árbol, vestido con esos pequeños racimos que maduran entre el verde espeso del monte, estaba ahí ofreciendo lo suyo en silencio, como lo ha hecho siempre.
El hallazgo queda registrado en las coordenadas que señalan un rincón preciso de las 520 hectáreas de la Fundación Loros. No es un dato menor: cuando una especie entra en fructificación, la fauna lo sabe antes que nadie. Los loros y las demás aves frugívoras de la reserva tienen en el Muñeco un recurso que vale la pena seguir de cerca.
Esta observación, sencilla sobre el papel, es una pieza más del mapa vivo que el equipo de campo construye registro a registro.