Tres loros reales al cielo de abril
El martes 21 de abril, Omar llegó al santuario con una jornada que pocos días pueden igualar: tres liberaciones de loros reales en un mismo amanecer. Uno por uno, B180 del aviario uno, B228 del aviario dos y B60 del aviario tres, abrieron las alas sobre las 520 hectáreas de la Fundación Loros y encontraron, al fin, el aire sin malla de por medio.
El B180 no tardó en elegir su primer sitio: un guácimo, tranquilo, como si llevara toda la vida posado ahí. El B228 apareció después cerca de una estación de frutas —papaya, sandía cortada sobre una bandeja de metal— explorando con esa cautela curiosa que tienen los animales cuando el mundo de repente se vuelve enorme. El B60, por su parte, tomó el camino del bosquesito, el rincón más tupido de la reserva, y se perdió entre el verde.
Los tres llevan en la pata la marca de lo que fueron: números en una etiqueta, plumaje verde brillante con amarillo en la cabeza y rojo en las alas, todo el retrato de la Amazona ochrocephala en su mejor versión. Hoy, gracias al trabajo silencioso de Omar y su equipo, esos números ya vuelan.