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Cheja cedió el turno y la ardilla llegó

José Marín estaba solo esa mañana cuando decidió dejarle un mango a la ardilla. Pero antes de que ella apareciera, llegó Cheja —una de las guacamayas de la reserva— atraída quizás por el color o el olor de la fruta madura. Se acercó, la examinó a su manera, y algo en ella supo que ese alimento no era para sus picos. Sin drama ni forcejeo, dio media vuelta y se fue. Unos minutos después, la ardilla tomó lo que le correspondía y se quedó con el mango sin contratiempos. Todo quedó en video. Más adelante, a pocos metros de distancia, José encontró una cría de ave en aparente buen estado. No había señales de herida ni de angustia: estaba saludable, según su propio juicio de campo. También eso quedó grabado. Fue un día tranquilo en la reserva —sin urgencias ni emergencias—, de esos en que la vida silvestre simplemente sigue su curso y uno solo tiene que estar ahí para verla pasar.
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