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Once en el ciruelo del cerro El Peligro

Omar Enrique Berdugo Cabeza llegó al cerro El Peligro con la mañana y lo que encontró valía la parada: once guacamayas azul y amarilla —Ara ararauna— instaladas en un árbol de ciruela, trabajando los frutos verdes con ese pico negro y robusto que no deja pasar nada. El azul turquesa en el lomo y el amarillo dorado en el pecho de cada ave brillaban contra el cielo despejado de la costa, y el ruido que hacían debió oírse bastante antes de verlas. Mientras las guacamayas se repartían el ciruelo sin mayor protocolo, una manada de buitres rondaba más arriba, trazando sus círculos lentos sobre el cerro. Dos mundos distintos compartiendo el mismo pedazo de cielo: unos festejando entre ramas, los otros atentos desde las alturas. Omar documentó la escena con cinco fotografías y once videos desde el lugar exacto donde el ciruelo da sombra, en las coordenadas que ya quedaron marcadas en el mapa de la reserva. El cerro El Peligro tiene fama de guardar sorpresas, y este jueves de marzo no fue la excepción.
Foto de campoFoto de campoFoto de campo
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