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El parque se llenó de vida propia

Ese día, Omar Enrique Berdugo Cabeza y la fotógrafa Patria recorrieron el parque de la Fundación Loros con los ojos bien abiertos, y el santuario respondió con todo. Las guacamayas azul y amarillo (Ara ararauna) andaban en sus cosas más íntimas: una pareja apareándose entre las vigas de la palapa, otra cargando materiales hacia el nido, y alguna volviendo al refugio con ese vuelo decidido que solo tienen los animales que ya saben dónde es su casa. En los comederos, dos loros verdes amazónicos picoteaban con calma rodajas de sandía y melón servidas en bandeja, como si el mundo no tuviera ningún afán. Más abajo, en el roble del parque, las ardillas daban su propio espectáculo. Una navegaba obstáculo tras obstáculo para llegar al comedero colgante; otra llegó con un rollo de fibra de majagua entre las patas —material fino para tapizar el nido— y desapareció entre las ramas sin mirar atrás. Los patos, por su parte, también andaban en temporada: se les vio apareándose cerca del parque con esa naturalidad descarada que los caracteriza. Patria capturó cada momento con el empeño y la alegría de quien entiende que lo que pasa frente al lente no se repite dos veces. Solo faltó Maicol Jia para que la jornada estuviera completa.
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