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La bonga blanca en el monte sediento

En algún rincón del monte seco de la reserva, donde la vegetación se aprieta en arbustos bajos y el suelo guarda el calor del mediodía, un tronco blanco se yergue por encima de todo. Es una bonga —ceibo, palo borracho, como quiera llamársele— y su corteza pálida contrasta con el azul sin piedad del cielo de abril. José Marín alcanzó a capturar la imagen antes de que la señal se cortara, y la foto tardó en llegar, como tantas noticias que viajan despacio desde los rincones más apartados de las 520 hectáreas. El árbol está solo en su tamaño. A su alrededor, las ramas de los arbustos aparecen sin hojas, rendidas a la temporada seca, mientras él permanece de pie con esa quietud que tienen los árboles muy antiguos. No sabemos aún en qué sector exacto vive esta bonga, ni quién fue el primero en detenerse a mirarla. Esos detalles llegarán cuando la señal regrese. Por ahora, queda el registro de su presencia: un tronco blanco, un cielo azul y el silencio caliente del monte.
Foto de campo
🌿 Flora
bonga
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