Dos garzas y el silencio de Vista Hermosa
En la tarde del 4 de marzo, Jender Torres Álvarez recorría los predios de Vista Hermosa cuando el paisaje se abrió ante él: una pradera verde y generosa, un grupo de reses de pelaje café, blanco y gris pastando sin afán, y al fondo las colinas cubiertas de monte espeso con el cerro El Peligro vigilando desde lejos. Todo olía a hierba húmeda y cielo abierto.
En el suelo, cerca del ganado, dos garzas garrapateras (Bubulcus ibis) se movían con calma entre las patas de las vacas. Con el pico preciso y paciente que las caracteriza, espurgaban garrapatas del pelaje —un intercambio antiguo entre especies que la sabana colombiana conoce de memoria. Las reses, indiferentes y bien entradas en carnes, seguían pastando como si nada.
Este tipo de avistamiento, sencillo en apariencia, habla bien del estado del predio: ganado sano, aves silvestres integradas al paisaje, y un corredor vivo que conecta la reserva con los cerros del horizonte. Jender lo registró todo con el ojo tranquilo de quien lleva tiempo aprendiendo a leer el campo.