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Los goleros de Omar en el Cerro El Peligro

Esta mañana, Omar subió solo hasta el punto de liberación del Cerro El Peligro con su tarea de siempre: alimentar a las aves del santuario. No pasó nada extraordinario, y tal vez por eso pasó todo. Sin el ruido de otros, sin prisa, el cerro se fue abriendo de a poco. Fue entonces cuando los goleros aparecieron volando juntos, pegados unos a otros en el aire tibio de la mañana. Omar los vio y algo se le movió por dentro. Esos pájaros que la mayoría ignora o mira de reojo le recordaron que hay una fuerza distinta en lo que va unido, en lo que se mueve como familia. No lo dijo con muchas palabras, pero lo dijo claro. A veces la naturaleza no necesita espectáculo para enseñar. Un hombre solo en una colina, unos goleros en vuelo rasante, y la certeza quieta de que la belleza estaba ahí, esperando que alguien se detuviera a verla.
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