El amarillo encendido de Michel
Entre las coordenadas que guarda el santuario hay una planta que ese domingo no quería pasar desapercibida. Michel Salas la encontró en plena flor — una Caesalpinia de la familia Fabaceae — con ese amarillo tan encendido que parece robado de un amanecer caribe. Los estambres filiformes se abrían como pequeños fuegos artificiales silenciosos, y entre las ramas colgaban ya vainas alargadas, verdes unas, oscuras otras, señal de que la vida en esta planta va de prisa.
El árbol crece rodeado de compañía generosa: plátanos que lo sombrean, buganvilias rosadas y naranjas que le hacen competencia de color, y un cielo parcialmente nublado que el 22 de marzo no se decidía entre llover o quedarse quieto. Las cuatro fotografías que Michel tomó ese día capturaron flores abiertas, capullos en desarrollo y el porte general del individuo — un retrato completo de una planta que ya tiene nombre, coordenadas y lugar en la bitácora del santuario.