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Un recorrido lleno de señales vivas

El 17 de marzo, José Marín salió a caminar por la reserva y el monte le fue entregando sus secretos uno a uno. El primer regalo lo encontró colgando de una trepadora: un fruto de balsamina (Momordica charantia) que ya había reventado solo, abriendo su cáscara para mostrar el arilo rojo brillante que cubre las semillas, encendido como brasas entre las ramas secas. Más adelante, una ardilla se dejó capturar en video mientras saltaba entre los árboles, rápida y sin prestarle mayor atención al observador. Cerca de allí, casi en el mismo sector, una guacharaca se anunció antes de aparecer — como suelen hacer estas aves ruidosas del trópico — y también quedó registrada en video. El último hallazgo del día fue un termitero de buen tamaño, construido con paciencia de tierra y saliva en medio del matorral, rodeado de arbustos y ramas entrelazadas. Cuatro registros distintos, cuatro puntos GPS, un solo caminante. José cerró el reporte con la puerta abierta: si algo más aparece en el camino, lo envía.
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