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Ternera parda al caer la tarde en Don Rafa

Al final de una jornada larga en el sector Don Rafa, cuando Jender y Eder salieron a recoger el ganado del potrero, la tarde les guardaba una sorpresa: una vaca parda recostada entre los arbustos, lamiéndole el lomo a una ternera hembra recién nacida. La cría todavía estaba húmeda, con la placenta visible en la tierra rojiza del sendero, y la manada blanca se alejaba tranquila al fondo del camino como si nada extraordinario hubiera ocurrido. Como la ternera no podía sostenerse sola, tocó improvisar: la cargaron sobre un caballo y la llevaron así, balanceándose suave entre los brazos, hasta el establo. Urgía ponerla a mamar, porque las primeras horas son las que definen si una cría arranca con fuerza o no. Nilson y sus compañeros lo sabían bien, y no perdieron tiempo. Horas después, el reporte llegó escueto pero suficiente: la ternera ya había mamado, estaba bien nacida y en buen estado. La vaca parda, quieta en el establo, seguía lamiéndola. Una historia completa, contada sin palabras, que Jender y Eder encontraron casi sin buscarla al terminar el día.
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