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Los estropajos vuelven a la Posa

Corina Leonor iba caminando con un grupo de turistas por el matorral cuando alguien levantó del suelo una vaina seca, oscura, liviana. Era un estropajo —posiblemente de *Leucaena* o *Enterolobium*— aparecido entre la vegetación arbustiva densa de la Posa de los Borrachos, ese rincón del santuario que ya carga historia en el nombre. La Posa fue, hace años, un lugar de lavanderas. Las mujeres bajaban con su ropa, encontraban el agua y, quién sabe, quizás también encontraban estas vainas fibrosas que la misma tierra les ofrecía para restregar y limpiar. Hoy los turistas pasan por el mismo camino sin saber eso, y de repente la naturaleza les pone en la mano un objeto que conecta con ese pasado cotidiano. El hallazgo quedó registrado en fotografía: una mano sosteniendo la vaina contra el cielo azul de abril, con las nubes blancas y el monte verde al fondo. Un detalle pequeño, casi sin importancia. Pero en la Posa de los Borrachos, incluso las cosas que se secan y caen al suelo tienen su historia.
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EnterolobiumLeucaenaestropajo
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