El pichón de búho que cruzó tres organizaciones
Un colegio de los alrededores lo trajo sin aviso: un pichón de búho currucutú, pequeño y desorientado, que Carlos recibió en la Fundación Loros y empezó a cuidar desde el primer momento. El 27 de febrero, Angélica lo llevó al Centro de Atención a la Vida Silvestre del EPA Cartagena, donde Marcela —aliada de siempre de la Fundación— y su equipo técnico lo recibieron con guantes y buen trato, listos para lo que viniera.
Lo que vino fue mejor de lo esperado. En el CAV, el currucutú —plumaje grisáceo-marrón, ojos amarillos con esa seriedad que tienen los búhos incluso cuando están bien— ya aparece en video comiendo ratón, que es la señal más clara de que el proceso de rehabilitación va por buen camino. En la foto más reciente, el ave reposa esponjado sobre un montón de ramas verdes dentro de su jaula, como quien sabe que todavía no es hora de irse pero que el momento llegará.
Marcela V. nos envió el reporte desde el CAV el 19 de marzo. El currucutú sigue adelante.