Sombra y silencio bajo el guásimo
En los últimos días de verano, cuando el sol aplasta el Valle Verde sin misericordia y el suelo se agrieta en silencio, Eder encontró esta imagen: un grupo de vacas y terneros arrimados bajo un guásimo, quietos, como si el árbol les hubiera dicho que ahí era el lugar.
El guásimo —Guazuma ulmifolia, uno de los árboles más generosos del paisaje caribeño— llevaba ahí mucho antes que el calor de esta temporada. Su copa ancha y su sombra tupida son, para el ganado de la región, lo más parecido a un refugio: no hay cerca, no hay techo, solo ese árbol que conoce bien su oficio. El terreno alrededor lo decía todo: seco, amarillento, con la vegetación dispersa y rendida ante el verano.
Eder capturó la escena sin intervenir. Los animales descansaban juntos, ajenos a la cámara, en esa calma pesada de las horas del mediodía. Una postal sencilla del Valle Verde que recuerda, de paso, por qué los árboles en potreros no son adorno.