El B12 llegó con un ojo cerrado
Carlos lo encontró primero, cerca de la casa de la Fundación. Estaba quieto, el plumaje verde intacto pero con el ojo derecho cerrado, como si cargara el peso de una pelea que nadie vio. Así apareció el B12, un loro amazónico que conocemos bien por la anilla verde que lleva en la pata, convertido de repente en paciente de urgencias.
Alejandro lo recogió con cuidado y lo instaló en una jaulita con agua fresca, banano y papaya cortada. Sin semillas: eso fue lo primero que advirtió Carlos al equipo, porque con un ojo comprometido no había que arriesgar. En la báscula digital marcó 262 gramos — un dato pequeño que en estos casos lo dice todo sobre el estado del animal. El veterinario ya había sido informado.
Ahora el B12 descansa en su jaula roja, con los ojos cerrados y las frutas al alcance del pico. La tarde cayó sobre el santuario sin más novedades, y el equipo lo vigila de cerca mientras espera las instrucciones del vet. A veces la naturaleza del trabajo es esta: encontrar a tiempo, hacer lo justo, y aguardar.