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Diecisiete nombres libres en los potreros

En los senderos y colinas de la Fundación Loros viven diecisiete caballos que nadie encierra en establos. Al atardecer se les puede ver moviéndose solos entre la vegetación — dos blancos por el camino de tierra, un castaño pastando al borde — como si el predio entero fuera suyo, porque de alguna manera lo es. Se llaman Lucero, Mariposa, Rosita, Estrella, Bohu, Pony, Blanquito, Coroso, Zipacoa, Rambo, Albino, Don Quijote, Indio, Sombra, Canario, Palomo y Luna, y cada nombre carga una historia distinta. Entre ellos hay tres que el equipo menciona con orgullo especial. Indio llegó desde las canchas de polo y hoy es considerado uno de los mejores del plantel. Albino es el reproductor de raza de la fundación, con tres crías ya registradas que andan por ahí mezcladas entre los potreros. Y Bohu, el más veterano, lleva seis años caminando estas lomas — más tiempo que varios de los voluntarios que han pasado por aquí. Durante las faenas ganaderas estos caballos trabajan de verdad, y cuando llegan visitantes de cualquier rincón del mundo, son ellos quienes los llevan por los senderos del predio. Pero la mayor parte del tiempo simplemente pastan libres en las colinas verdes, bajo un cielo que a veces se nubla y a veces regala esa luz dorada que lo pone todo bonito.
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