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Primavera desbordada en el aviario 4

Ese sábado de febrero, el bosquecito del aviario 4 amaneció con una energía distinta. Omar Enrique Berdugo Cabeza lo notó desde el primer recorrido: el aire olía a temporada de amor. Las chejas B222 y B104 se acicalaban despacio, pluma a pluma, con esa calma que solo existe entre los que ya se conocen bien. A unos metros, en los comederos, los loros amazona B03 y B01 se apareaban sin importarles el mundo, y cerca de las aulas tres parejas de loritos hacían lo mismo, aunque con menos paz: los tres machos disputaban a la vez por una sola hembra, enredados en ese caos alegre que trae la época. En medio de toda esa bulla, el lorito B73 decidió que Omar le resultaba sospechoso. Se le vino volando encima —territorial, celoso, emplumado de indignación— y frenó justo antes de llegar. No hubo ataque. Solo una advertencia de cerca, suficiente para que Omar pudiera ver, a centímetros, lo que significa un ave libre en plena vida. Tres especies, un solo bosquecito, y una mañana que el guardián describió sin dudar: maravillosa.
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